Esta noche
Cuando
anochece, mi espera tiende a hacerse eterna, aunque cada vez falte menos.
Ansiosa, susceptible, empiezo a imaginar el encuentro, sin esperar la
concreción del mismo. Siempre es así: la víspera es tan emocionante como el
escenario. Ya estoy en clima, y la ducha será un detalle más, aunque servirá de
relajante, mientras aguardo que llegue. Y empiezo a conjeturar.
Me va a
besar suavemente al llegar, mientras me observa con esos ojos con los que me
viste y me desviste, ese borde indistinguible entre la ternura y la lascivia.
Vamos, como nos gusta a todas que nos miren. Después de darme el ramo de
jazmines que trae en su mano izquierda, y dejar el vino que trae en la derecha
sobre la mesa, me alzará levemente mientras disfruta el aroma del perfume que
me puse en el cuello para eso, para que él lo disfrute. Y comenzará a acariciar
mi cabello, mi frente, mis mejillas.
Antes de
que pueda recuperarme, me dirá que me siente, que él se encarga de todo. Esas
velas aromatizantes que enciende, sé que no son de su gusto, pero sabiendo lo
que yo las disfruto, las enciende para crear un clima de luces tenues y perfume
en el aire. La cena está casi lista, ya desde anoche el había dejado todo en
orden, hasta el último de los detalles. Nada sofisticado, sabe que odio lo
snob. Y poco importa la comida, aunque él esté hambriento por haber trabajado
todo el día. Pero sabe que soy una mujer como todas, en ese estado de dieta
eterna después de los 20.
Una vez que
levante la mesa, dejando solo las copas y el vino, la charla se concentrará en
mis intereses. Me dirá que sí, que nos casaremos cuando yo se lo pida. La
fiesta será como el de una princesa, y mi padre me entrará a la iglesia del
brazo, después de recorrer el centro de la ciudad en un carruaje tirado por dos
caballos blancos, impecables. Y allí estará él, con los ojos llenos de lágrimas
y el anillo de mis sueños en el bolsillo interno del jaquet, al ladito del
corazón.
“Tendremos
los hijos que quieras -me dirá-, porque vos tenés que concretar tus sueños profesionales,
y yo voy a acompañarte para realizarlos”. Un niño, porque sabe que son mi
debilidad. Y agregará:"Una niña también: tu belleza debe heredarse”.
Y superado
ese momento de charla sobre nuestros proyectos, se interesará por las cosas que
le cuento, aunque sean superficiales, aunque hable de gente que él no conoce.
Le hablaré con un poco de envidia de mis amigas, o le contaré que alguna habló
de mí y que yo creo que lo hizo por envidia. Me preguntará como anda mi
familia, y me dirá que mi vieja es casi una madre para él, que así la ve. “Y
que genio tu viejo, yo quiero ser como él”, agregará. Preguntará cuando viene a
comer con nosotros alguna de mis hermanas, o por qué mejor no vienen todas. Por
mi hermano también, me dice que no se haga problemas, que aunque le destrozó el
auto la última vez que lo usó, están las llaves a su disposición cuando lo
necesite. Y las del departamento en la playa también, aunque todavía está en
reparaciones de la última vez que fue con esos siete amigos. Y mientras me escucha,
me dirá que me ama, que me extraña, que no puede vivir sin mí. Y así, en un
arranque de pasión, me llevará en brazos a nuestra habitación.
Entonces ya
no puedo esperar por él. Salgo de la ducha, me perfumo como a él le fascina y termino
con los preparativos. Cierro la puerta con llave, pongo el pasador. Desconecto
el teléfono. Cierro las ventanas, y corro cortinas, y cierro persianas. Me
quedó así, como salí de la ducha, desnuda sobre la blancura de las sábanas que
puse hace un rato.
Y ahora sí,
me esfuerzo por dormirme, y funciona. Es que no soporto más la espera para
encontrarme con el hombre de mis sueños.
"Todo el tiempo estoy pensando en ti,
en un brillo del sol, y una mirada tuya, soñé
Si te soñé, y te soñé y te soñé una vez mas...
si te soñé, y te soñé y te soñé una vez mas..."
en un brillo del sol, y una mirada tuya, soñé
Si te soñé, y te soñé y te soñé una vez mas...
si te soñé, y te soñé y te soñé una vez mas..."
"Soñé", Zoé






